ARTE CABRÓN #3: La Caraqueña, cuando una cueca se convirtió en un grito de resistencia

Nilo Soruco | «La Caraqueña» | 1974

¿Puede una cueca ser un acto de resistencia? Esta es la historia de una canción que regresó a Bolivia antes que su propio autor.

¿Quién fue Nilo Soruco?

Nilo Soruco fue mucho más que un compositor de cuecas. Fue maestro, músico, poeta, dirigente sindical y militante político. Su obra recorrió distintos géneros y llegó a superar las 250 composiciones. También integró y dirigió agrupaciones fundamentales del folklore tarijeño y boliviano, como Los Montoneros de Méndez, Los Cantores del Valle y Los Embajadores del Guadalquivir.

Pero hay algo que atraviesa buena parte de su obra: el arte como forma de hablar cuando hablar podía costar caro.

¿Qué estaba pasando en Bolivia?

En 1971, Hugo Banzer llegó al poder mediante un golpe de Estado y comenzó una dictadura militar que persiguió a sectores de izquierda, dirigentes sindicales, estudiantes, trabajadores e intelectuales.

Nilo Soruco era dirigente del magisterio y tenía una trayectoria de canciones vinculadas a las luchas sociales. Fue perseguido, encarcelado y posteriormente obligado a abandonar Bolivia. En prisión compuso otra de sus cuecas más conocidas, «La vida es linda». Después vendría el exilio.

Caracas: una patria prestada

En 1974, Soruco llegó exiliado a Caracas, Venezuela. Estaba lejos de Tarija, lejos de su familia, lejos de su río, de sus paisajes y de su gente. Pero también estaba lejos de una dictadura que había intentado silenciarlo.

Y fue precisamente desde ese lugar de ausencia que nació una de sus canciones más importantes.

«La Caraqueña»

La canción fue compuesta en Caracas el 24 de diciembre de 1974, según fuentes educativas bolivianas y registros culturales. Originalmente Soruco la llamó «La exiliada», y con el tiempo pasó a conocerse como «La Caraqueña».

¿Por qué «La Caraqueña»?

Porque Caracas era el lugar que lo había recibido. Pero la canción no habla solamente de Venezuela. Habla de estar lejos de Bolivia, de vivir en una tierra que te acoge mientras tu memoria permanece en otra.

Es una canción sobre el exilio, la distancia, la nostalgia, la identidad. Y también sobre algo más: la esperanza de volver.

De canción a resistencia

Aquí está el dato que hace que esta historia sea perfecta para Arte Cabrón.

La primera versión de la canción llegó a Bolivia clandestinamente, en una grabación sencilla de voz y guitarra. Y comenzó a circular —no como una canción comercial, no como un éxito de radio, sino de boca en boca. Se cantaba en voz baja. Y rápidamente terminó convirtiéndose en una canción de resistencia para exiliados y para quienes permanecían dentro de Bolivia bajo las dictaduras militares.

La canción pasó a representar algo mucho más grande que la historia personal de Soruco: el derecho a volver.

Una cueca que decía lo que no podía decirse

La fuerza de «La Caraqueña» estaba en que podía cantarse como una cueca cualquiera. Pero debajo de esa música había una historia política: el dolor de quienes habían sido expulsados, la rabia de quienes habían sido perseguidos, la nostalgia de quienes habían dejado atrás a sus familias, y la esperanza de que algún día pudieran regresar.

Por eso llegó a ser descrita como un himno de los exiliados y perseguidos políticos bolivianos, y como una canción de resistencia frente a las dictaduras.

El arte también puede ser clandestino

Cuando no puedes gritar en la plaza, quizás puedas cantar una canción.

Durante las dictaduras, la música podía convertirse en un espacio para conservar aquello que el poder intentaba borrar: la memoria, la identidad, la esperanza, la protesta. «La Caraqueña» demuestra que una canción no necesita un escenario gigante para convertirse en un símbolo. A veces basta una guitarra, una voz, y alguien dispuesto a escuchar.

¿Y qué pasó cuando volvió?

Soruco regresó a Bolivia después del exilio. Su obra continuó vinculada a la memoria, la justicia, la libertad y las luchas sociales. En 2006, mediante la Ley 3383, toda su obra literaria y musical fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación.

Pero «La Caraqueña» había conseguido algo que ninguna ley puede fabricar: entrar en la memoria colectiva.

Dato Cabrón

Hay algo especialmente poderoso en esta historia: la canción que nació del exilio terminó regresando a Bolivia antes que su propio autor. Su primera versión llegó clandestinamente al país y comenzó a cantarse mientras Soruco todavía estaba fuera.

La canción regresó antes que el hombre.

El dilema cabrón

¿Puede una cueca ser un acto de resistencia?

Nilo Soruco demostró que sí. Porque el arte no siempre necesita decir «¡Abajo la dictadura!». A veces basta con decir «quiero volver». Y cuando miles de personas cantan esa misma canción, el deseo de volver también puede convertirse en una forma de resistencia.

La pregunta de La Cabrona

Bolivia ha vivido más de un exilio y más de una dictadura. Y en cada una, alguien ha encontrado una forma de decir lo que no podía decirse en voz alta.

¿Qué canciones, qué historias de tu propia familia o tu propio pueblo cargan hoy ese mismo peso silencioso?

¿Cuántas «Caraqueñas» siguen circulando de boca en boca, sin que nadie las llame todavía resistencia?

La próxima vez que escuches una cueca, una canción de exilio o una copla que suena a nostalgia, pregúntate qué historia política podría estar escondida detrás de esa melodía.

Porque el arte también sirve para entender por qué carajos cambia el mundo.

Arte Cabrón es la sección de La Cabrona dedicada a mirar el arte —canciones, libros, películas, imágenes— como una forma de entender el presente. Una nota nueva, cada semana.

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