José María Velasco Maidana | «Wara Wara» | 1930
Durante décadas se creyó que no quedaba nada de ella. Hoy es considerada el único largometraje boliviano del período silente que se conserva. Esta es la historia de una película sobre la pérdida y la memoria que tuvo que pasar por las dos cosas para llegar hasta nosotros.

Una película muda, un hito del cine boliviano
Wara Wara fue dirigida por José María Velasco Maidana y estrenada en La Paz el 9 de enero de 1930. Es una película muda y uno de los grandes hitos del cine boliviano. Se la considera el único largometraje boliviano de la época silente que sobrevive, gracias a un complejo proceso de recuperación, reconstrucción y restauración que tomó años.
Conviene ser precisos con esto: no hablamos de «la primera película boliviana», una afirmación que la investigación no respalda de forma absoluta, sino de una obra fundacional del cine silente del país y, hoy, de su único largometraje de ese período que podemos ver.
¿De qué trata?
La historia está ambientada durante la conquista española. Wara Wara, una princesa del Collasuyo (la provincia sur del imperio incaico), sobrevive a la invasión. Su vida cambia cuando conoce a Tristán de la Vega, un capitán español.

Entre ambos nace una historia de amor, pero ocurre en medio del conflicto entre un pueblo invadido y quienes llegan como conquistadores. Su relación enfrenta el rechazo de sus respectivos mundos: para el pueblo de ella, el español es el enemigo y el culpable de la destrucción de su imperio.
La película está basada en La voz de la quena, obra teatral del escritor boliviano Antonio Díaz Villamil, quien además participó en el guion. Velasco Maidana realizó modificaciones al adaptar la historia al cine.
¿Quién fue José María Velasco Maidana?
Fue mucho más que un cineasta: director, compositor, músico, coreógrafo y artista. Para quienes estudian el cine boliviano, es uno de los pioneros de la década de 1920, considerada la edad de oro del cine silente en el país.
Comenzó a filmar Wara Wara en 1928, con una cámara que trajo desde Buenos Aires. Su personalidad logró reunir en torno al proyecto a importantes figuras de las artes bolivianas de la época, entre ellas el pintor Arturo Borda, a cargo de la escenografía y también parte del elenco, y la escultora Marina Núñez del Prado. La película tuvo mucha publicidad incluso antes de estar terminada.
Un estreno brillante y un final truncado
Según el historiador Alfonso Gumucio Dagron, la película tuvo buena acogida de la crítica y se distribuyó relativamente bien en La Paz y en el interior del país. Pero su carrera se vio truncada: cuando Velasco Maidana se disponía a presentarla en el extranjero, tuvo que competir con el cine sonoro, que ya dominaba los circuitos comerciales internacionales. Una película muda llegaba tarde a un mundo que había empezado a hablar.
Después, desapareció. Durante décadas se creyó perdida.
Dato Cabrón: el baúl
En 1989, Mario Fonseca, nieto de Velasco Maidana, recibió un viejo baúl familiar que había permanecido guardado durante aproximadamente 50 años. Dentro había documentos, recortes, partituras y 63 rollos de película en nitrato. Entre esos materiales estaban los negativos de cámara de Wara Wara.
Pero encontrar los rollos no significaba tener la película recuperada. El material estaba fragmentado y desordenado, y el nitrato es una base frágil, inestable y altamente inflamable que se deteriora con el tiempo. Los especialistas tuvieron que reconstruir la película prácticamente como un rompecabezas, recurriendo a:
• fragmentos de nitrato;
• fotografías y documentos;
• periódicos de 1929 y 1930;
• investigaciones sobre la película;
• la obra teatral que había inspirado el argumento;
• análisis de contenido y reconstrucción narrativa;
• restauración fotoquímica y digitalización;
• y una nueva banda sonora.
Casi veinte años para devolverla a la vida
El proceso de recuperación y restauración tomó aproximadamente dos décadas. Fue un trabajo colectivo, liderado desde la Cinemateca Boliviana, con la participación de cineastas como Pedro Susz y Fernando Vargas, y con la cooperación internacional de Alemania, Brasil, España, Italia y Holanda. La restauración digital se realizó en el laboratorio italiano L’Immagine Ritrovata, a partir de los negativos originales de cámara, y costó cerca de 200.000 dólares.
La versión restaurada, de unos 75 minutos, se presentó públicamente en la Cinemateca Boliviana el 23 de septiembre de 2010. Como la película original era muda, hubo que recrear el sonido. La nueva banda sonora fue compuesta por Cergio Prudencio, director de la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos, quien trabajó con instrumentos y sonoridades vinculadas a la tradición musical boliviana y partió de composiciones del propio Velasco Maidana. El proceso quedó documentado en el libro Wara Wara: la reconstrucción de una película perdida, de Fernando Vargas Villazón.
¿Por qué es importante?
Porque Wara Wara permite mirar cómo Bolivia imaginaba su propia historia y su identidad hace casi un siglo. Investigaciones académicas señalan que la película puede leerse como un discurso cinematográfico sobre la construcción de la nación boliviana, especialmente alrededor del encuentro, el conflicto y la mezcla entre culturas.
Esa lectura también tiene matices críticos. La película se inscribe en el movimiento intelectual y artístico indigenista de las décadas de 1920 y 1930, que puso a los pueblos indígenas en el centro de la escena cultural, y su director denuncia en ella la situación de los indígenas bolivianos. Al mismo tiempo, está atravesada por la idea de mestizaje que era popular en esa época, una mirada que hoy se discute y se revisa. Es justamente eso lo que vuelve valioso a un documento histórico: nos muestra cómo se pensaba el país entonces, con sus aciertos y sus límites.
Y hay algo todavía más potente: la película habla de una invasión, de la pérdida y de la memoria, mientras que su propia historia también es una historia de pérdida y recuperación. Primero desaparecieron sus imágenes. Después aparecieron los fragmentos. Y finalmente, varias generaciones tuvieron que reconstruir la película para que pudiera volver a ser vista.
La pregunta de La Cabrona
Bolivia casi pierde su película más antigua que sobrevive. Y lo que le pasó a Wara Wara le ha pasado a gran parte del cine mudo en el mundo: se perdió por falta de archivos, de recursos, de espacios donde conservar lo que no parecía importante en su momento.
¿Cuántas historias de Bolivia se perdieron simplemente porque nadie pudo conservarlas?
Quizás la respuesta más cabrona es esta: no lo sabemos, porque lo perdido no deja registro de que existió. Por eso importan los baúles, las cinematecas y quienes pasan veinte años armando un rompecabezas de nitrato.
Bolivia casi pierde una de sus grandes películas fundacionales. Pero la memoria también se puede restaurar.
Porque el arte también sirve para entender por qué carajos cambia el mundo.
Arte Cabrón es la sección de La Cabrona dedicada a mirar el arte —canciones, libros, películas, imágenes— como una forma de entender el presente. Una nota nueva, cada semana.



